Quique a la calle !
El madrileño calificó de «francamente malo» el duelo ante los hispalenses. Y aun así se quedó corto en su crítica. Tan corto que, por culpa de la paupérrima imagen mostrada por los suyos, quienes fueron simples títeres en manos de los locales, el Consejo se reunió de madrugada para rubricar su destitución. Los mandatarios valencianistas, conscientes de que el equipo va de mal en peor y de que partidos como los de Noruega y el de anoche son indignos de un grande de la Liga, se citaron a las 01:15 en la sede del club para buscar soluciones a la crisis. Mourinho gusta; Lippi, el mejor colocado.
Las llamadas se sucedieron tras el pitido final de Daudén Ibáñez. El teléfono móvil, con Juan Soler en la ciudad del Turia y la expedición valencianista todavía en Sevilla, se convirtió en la mejor y más rápida forma de comunicación entre los dirigentes de la entidad. El presidente se puso en contacto con Miguel Ángel Ruiz, quien estaba fuera de Valencia, para conocer su opinión sobre la delicada situación blanquinegra. Y también con el resto de miembros del Consejo, a quienes convocó de urgencia en el estadio para adoptar decisiones.
La primera medida tomada durante el cónclave fue que Quique deje de ser el entrenador de los de Mestalla. Pero, lógicamente, hubo más. Y entre estas, cómo no, se encontraba la elección de su sustituto: Lippi y Mourinho, sobre todo el primero, son los mejor colocados. La noche en la sede del club, por tanto, fue muy larga. Para eso, para enderezar una nave que iba a la deriva, se vieron las caras los mandatarios de la entidad.
Que Juan Soler y uno de los vicepresidentes, Enrique Lucas, no estuvieran en Sevilla -donde sí se encontraba el otro, Agustín Morera-, es lo único que evitó que las soluciones no se sacaran adelante en los mismos vestuarios del Pizjuán. Allí, en el campo en el que el Valencia se proclamó campeón de Liga hace cuatro años, había quedado claro que las cosas no podían seguir como hasta ahora. Que había que hacer algo para variar el errático caminar del equipo durante las últimas semanas
Los locales, a los que se suponía descolocados por la marcha de Juande Ramos, hicieron lo que quisieron con los de Mestalla. Y, además, sin tener que mostrar sus mejores galas. Los blanquinegros, que no dieron dos pases con sentido, no remataron ni una vez en 90 minutos entre los tres palos y varios fallos defensivos de bulto, se lo pusieron muy fácil.
El Valencia dejó unas sensaciones tan malas en tierras andaluzas que lo ocurrido en Trondheim parecía un mal menor. Y lo de Riazor, un espejismo. El conjunto que hasta anoche entrenaba Quique había entrado en barrena. Daba igual que estuvieran sobre el césped Zigic y Arizmendi -como sucedió en la primera parte- que Morientes o Vicente -quienes salieron en la reanudación-. Desde hacía ocho temporadas, en los inicios de Cúper en el banquillo, no se tocaba fondo de tal forma: cuatro derrotas en cinco duelos oficiales consecutivos.
La única lectura positiva de lo sucedido es que los blanquinegros todavía tienen tiempo para la reacción. En Champions dependen de sí mismos para pasar a octavos. Y en la Liga, aunque presionados por detrás por varios equipos, siguen en la zona noble y a cuatro puntos del líder. El Madrid, por cierto, visita Mestalla el miércoles.
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